domingo, 30 de junio de 2013

Las Invasiones Inglesas: Recorridos de las Tropas Inglesas


LAS INVASIONES INGLESAS:

Desde mediados del siglo XVIII, debido a la debilidad del Imperio español, los ingleses buscaron extender su presencia comercial mediante intervenciones armadas en las colonias españolas. Por ello en 1806, las tropas británicas desembarcaron directamente en Buenos Aires porque sabían que la ciudad no contaba con defensas. En cambio, durante la segunda invasión prefirieron tomar Montevideo y desde allí organizar las operaciones, dado que entonces Buenos Aires contaba con tropas milicianas. Las tropas milicianas eran grupos de gente armada sin experiencia.

Aquí el recorrido que hicieron las tropas inglesas:

Liniers, al frente de la resistencia, ordenó armar a todos los vecinos y distribuirlos en cuerpos milicianos.



sábado, 29 de junio de 2013

Consecuencias de las Invasiones Inlgesas

Las Invasiones Inglesas pusieron de manifiesto el aislamiento de las colonias y la fragilidad del orden colonial. La falta de tropas regulares para defender la ciudad y la vacilación de las autoridades nombradas desde España, que en algunos casos incluso llegaron a jurar fidelidad a los invasores, mostraron las dificultades de la metrópoli para asegurar su control en el Río de la Plata.
Por su parte, las autoridades ligadas al ámbito local, como el Cabildo, cobraron un nuevo protagonismo, ya que dirigieron la resistencia a los invasores. A su vez, los dirigentes de estas acciones, como Liniers y Álzaga, ganaron gran prestigio entre la población.
Pero los hechos de Buenos Aires crearon, sobre todo, un precedente político peligroso para el orden colonial: la destitución  del rey por decisión de los vecinos de una ciudad. Era un hecho novedoso e inimaginable, ya que solo el rey podía nombrar y remover a un funcionario de esa jerarquía, que era su representante personal en las colonias.
A esto se sumaba la creación de las fuerzas militares propias, las milicias, sostenidas con los impuestos que pagaban los vecinos y organizados por estos.
Finalmente, aunque de breve duración, la experiencia del libre comercio, establecido por los ingleses en Buenos Aires y en Montevideo demostró las ventajas económicas que este aportaba a la región, en comparación con el sistema monopólico.

viernes, 28 de junio de 2013

Video sobre la segunda invasion inglesa


Segunda Invasión Inglesa a Buenos Aires - Testimonios británicos del combate

Avancé con los rifleros hasta el costado oeste del edificio del Colegio de los Jesuitas,9 sin sufrir pérdidas considerables, cuando, al adelantar el cañón liviano para abrir una brecha en la entrada principal del edificio, el enemigo apareció de repente en gran número en algunas ventanas, en la azotea de aquel edificio y desde las barracas del lado opuesto de la calle y desde el extremo de la misma. En un momento, la totalidad de la compañía de vanguardia de mi columna, y algunos artilleros y caballos fueron muertos o heridos...
Teniente coronel Henry Cadogan.
Antes de que me hubiese escasamente aproximado a la Iglesia de San Francisco, ya había perdido bajo el fuego de un enemigo invisible, y ciertamente inatacable para nosotros, los oficiales y la casi totalidad de los hombres que componían la fracción de vanguardia, formada por voluntarios de distintas compañías, los oficiales y casi la mitad de la compañía siguiente, y así en proporción en las otras compañías que componían mi columna...
Teniente coronel Dennis Pack
No bien alcanzamos la entrada de la iglesia de San Miguel, el enemigo comenzó un terrible fuego desde las casas opuestas. Habiendo perdido unos treinta hombres en esta entrada, y comprendiendo que era imposible forzar las puertas de la iglesia con las herramientas que me habían entregado, juzgué prudente desistir y penetrar más en la ciudad esperando encontrar una posición más ventajosa. Al abandonar la entrada de la iglesia fuimos castigados con un fuego continuado. Después penetré en la ciudad hasta que juzgué que me hallaba cerca de la fortaleza. Viendo que había perdido tanta gente en la calle, que los cuatro oficiales de granaderos estaban heridos, que el mayor, el ayudante y el cirujano auxiliar habían sido muertos, y que había perdido, entre muertos y heridos, de ochenta a cien soldados de mi débil columna, doblé a la izquierda y busqué refugio ocupando tres casas...
Teniente coronel Alexander Duff

Segunda Invasión Inglesa a Buenos Aires - Fuerzas defensoras de la capital

La defensa de la ciudad se conformó así:
  • General en Jefe: brigadier de la Real Armada Santiago de Liniers
  • Mayor general: coronel Bernardo Velasco
  • Cuartel Maestre General: coronel César Balbiani
  • Comandante de Artillería: capitán Francisco de Agustini
  • Tren volante de Artillería: 49 piezas (4, 6, 8, 12 libras)
  • División de la Derecha (Bandera encarnada): formada por los batallones N° 1 y 2 de Patricios, Batallón de Marina, Compañía de Granaderos de Infantería, la mitad del tercio de Catalanes y dos Escuadrones de Caballería
  • División del Centro (Bandera blanca): formada por el Cuerpo de Naturales y Castas, Tercio de Galicia, Tercio de Andaluces, dos compañías del Tercio de Catalanes y un Escuadrón de Caballería
  • División de la Izquierda (Bandera azul): formada por el Cuerpo de Arribeños, un contingente del Regimiento Fijo de Infantería, el Tercio de Montañeses (Cántabros) y un Escuadrón de Caballería
  • División de Reserva (Bandera tricolor): formada por el Batallón N° 3 de Patricios, Cuerpo de Dragones (a pie), Tercio de Vizcaínos y un Escuadrón de Caballería

Segunda Invasión Inglesa a Buenos Aires - Asalto y Defensa de Buenos Aires

El alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga ordenó montar barricadas, pozos y trincheras en las diferentes calles de la ciudad por las que el enemigo podría ingresar. Reunió todo tipo de armamento, y continuó los trabajos en las calles bajo la luz de miles de velas.
En la mañana del 5 de julio, la totalidad del ejército británico volvió a reunirse en Miserere. Confiado de la supremacía de su ejército, Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el fuerte y Retiro por distintas calles. En un alarde innecesario, llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria.[cita requerida]
Sin embargo, los invasores se enfrentaban a una Buenos Aires muy diferente al que se había rendido ante Beresford. Según cuenta la tradición popular, los vecinos arrojaron piedras y agua hirviendo sobre las cabezas de los invasores. Lo cierto es que Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9.000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. El avance de las columas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, el fuego permanente desde el interior de las casas y desinteligencias y malos entendidos entre los comandantes británicos. Whitelocke vio como sus hombres eran embestidos en cada esquina. Mediante la lucha callejera, los vecinos de Buenos Aires superaron la disciplina de las tropas británicas. Tras una encarnizada lucha, Whitelocke perdió más de la mitad de sus hombres entre bajas y prisioneros.
Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición. Craufurd, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde ese mismo día.
El 7 de julio, el general inglés comunicó la aceptación de la capitulación propuesta por Liniers y a la cual - por exigencia de Álzaga - se le había añadido un plazo de dos meses para abandonar Montevideo. Las tropas británicas se retiraron de Buenos Aires; abandonarían la banda oriental recién el 9 de septiembre.
De regreso al Reino Unido, una corte marcial encontró a Whitelocke culpable de todos los cargos excepto uno y fue removido de su función, al declarársele incapaz de servir a la Corona inglesa. Uno de los factores determinantes para esta decisión, fue el hecho que el general hubiera aceptado la devolución de Montevideo dentro de los términos de la rendición.
Los cuerpos de los caídos de ambos bandos durante las invasiones inglesas a Buenos Aires aún no han sido hallados.

Segunda Invasión Inglesa a Buenos Aires

El avance inglés sobre Buenos Aires


John Whitelocke, retrato publicado en 1808.
En los primeros días del mes de marzo, el HMS Thisbe partió de Inglaterra hacia Montevideo con el teniente general John Whitelocke, nombrado comandante de las fuerzas británicas en elRío de la Plata, con la orden del gobierno británico de capturar Buenos Aires.
Whitelocke llegó a Montevideo el 10 de mayo y tomó el comando general. Poco tiempo después, la flota al mando del general Robert Craufurd llegó desde Ciudad del Cabo con 5.000 hombres. El 17 de junio el formidable ejército de Whitelocke, compuesto de unos 11.000 hombres, partió rumbo a Colonia. El coronel Browne quedó en Montevideo con un batallón de infantería, dos escuadrones de dragones y algunos marinos.
En Colonia el ejército británico fue organizado en cuatro brigadas:
La 1.a division lijera, á las órdenes del General Craufurd, compuesta de los rifles y los cazadores de todos los cuerpos, á las órdenes del Teniente Coronel Pack.
La 2.a compuesta de tres batallones, á las órdenes del General Auchmuty.
La 3.a de dos batallones, y un Rejimiento de dragones á pie, á las órdenes del General Lumley.
La 4.a compuesta de dos batallones, y un Rejimiento de dragones, á las órdenes del Coronel Manon.
Venian además tres brigadas de artilleria, ingenieros, comisaria, hospitales, y demas partes de un ejército regular.6
El 28 de junio el almirante Murray desembarcó a los británicos en la Ensenada de Barragán. La vanguardia británica al mando del general Gower, compuesta de las brigadas Craufurd y Lumley, avanzó sin marchó sin ser atacada hasta Quilmes, mientras el resto de la fuerza la seguía de lejos.
El 1 de julio se puso el marcha el ejército español de Buenos Aires para proteger el paso del Riachuelo con 6.860 hombres y 53 cañones.
Mientras tanto, había llegado al virreinato la resolución de la corte española declarando a Ruiz Huidobro virrey interino. Sin embargo, el gobernador había sido embarcado hacia Londres luego de la caída de Montevideo. Por lo tanto, Liniers, siendo el militar de mayor rango presente fue nombrado en reemplazo de Huidobro por la Audiencia.
El ejército británico avanzó con dificultades los 50 kilómetros que separaban el lugar escogido para el desembarco y la capital. El 3 de julio ejército del flamante virrey interceptó el primer avance del enemigo cerca de Miserere (combate de Miserere), pero el grupo comandado por Craufurd logró dividir y hacer retroceder a los hombres de Liniers. Al caer la noche, el combate cesó y muchos milicianos se retiraron a sus casas.
Luego de desbaratar a una fuerza local muy inferior en número, los británicos sitiaron la capital el 4 de julio.
  • Wikisource contiene obras originales de o sobre Parte del General Gower sobre el combate de Miserere.
Parecía que todo estaba perdido, pero Whitelocke decidió esperar; suspendió el avance de Craufurd hacia la ciudad y exigió rendición inmediata. Les dio a los porteños tres días, que los criollos utilizaron para organizarse militarmente.
Intimación del comandante británico:
Julio 3 de 1807.
Señor:
El Capitan Roche, del regimiento 17 de dragones, á quien tuve el honor de mandar á V. E. esta mañana, me ha informado que V. E. deseaba comunicase yo por escrito el particular de las condiciones: y así tengo que decir á V. E. que el Eicmo. Sr. Teniente General John Whitelocke me ha ordenado, deseoso sinceramente de evitar la innecesaria efusion de sangre humana, intime á V. E. que en el presente estado de las cosas, de no proceder á mas, concederá algunas condiciones al pueblo de Buenos Aires, debiéndose fundar en las que siguen; y posiblemente consentirá en alguna pequeña variacion que las haga mas favorables, sin alterar la estipulacion original fundamental.
1. Todos los súbditos ingleses detenidos en la América del Sur deberán ser entregados, y se pondrán rehenes suficientes en poder de los Comandantes ingleses hasta que lleguen á Buenos Aires.
2. Quedarán prisioneros de guerra todos los Oficiales militares y soldados, y toda persona que tenga empleos civiles, dependientes del Gobierno de Buenos Aires.
3. Que han de entregar en buen estado todos los cañones, pertrechos, armas y municiones.
4. Que ha de entregarse á los Comandantes ingleses toda propiedad pública de cualquiera clase que sea.
5. Que se concede á los habitantes de Buenos Aires el libre ejercicio de la religion católica romana.
6. Que se asegurará y respetará para sus dueños toda propiedad particular en tierra.
Nuestra fuerza es tan considerable, que creo que V. E. no podrá dudar del último resultado: y confio en que V. E. me creerá cuando le aseguro, que únicamente el deseo de evitar una escena tan horrorosa, como es la que se presenta tomado un pueblo por asalto, es el motivo que induce al General Whitelocke á permitirme escriba de este modo.
Tengo el honor de ser, etc.
J. Lewison Gower,
Mayor General.
Contestación:
Por comision del General español D. Santiago Liniers, contesto á usted á la carta que por su parlamentario le ha remitido, dirigida á intimar la rendicion de esta capital, diciéndole que nada que se dirija á rendir las armas, oirá: que tiene tropas bastantes, animosas, y mandadas por Jefes llenos de deseo de morir por la defensa de la patria; y que esta es la hora de manifestar su patriotismo.
Queda de usted su atento servidor Q. S. M. B.
Coronel Elío.
Julio 3 de 1807.
Al Mayor General Lewison Gower.